En 2013, Alejandro Sosa dio forma la proyecto "Japón. El r@stro del samurái", en el que retrató a
400 personas de Coria del Río apellidadas Japón y de este amplio documento extrajo los 46 rostros de
mayor edad -los "japones" más cercanos a la Misión Keicho- para significarlos. Luego fusionó las
caras de estos mayores en una sola para obtener un retrato imaginario de gran formato que simboliza
la imagen de uno de aquellos aventureros, el rostro de nadie y de todos. El trabajo da testimonio,
en defnitiva, de la herencia humana surgida de aquel hecho histórico, evidencia del logro de uno de
sus objetivos: el abrazo entre dos pueblos.